Nunca está de más
explicar por qué uno hace, dice o piensa lo que se ha hecho, dicho o pensado en
alguna oportunidad; sobre todo si se cree que con el propio ejemplo se puede
ayudar a los demás a entenderse a sí mismos.
Resulta que en
algún punto del año 2012, se me ocurrió autodefinirme en la biografía de mi
cuenta Twitter como “Arrogante por naturaleza, ególatra por convicción”, pero sin
tan siquiera detenerme a pensar en las definiciones exactas de cada término y
las especificaciones que distinguen a uno de otro.
Y es que por
aquellos días acababa de finalizar mi curso de historia grecolatina en la
Escuela de Comunicación Social, materia en donde una de las cosas que enseño es
la evolución de un elemento cultural que, pese a sus cambios, sigue siendo el
mismo: el culto a los héroes, esos que antes llamaban Aquiles y Odiseo y los
cantaban en poemas o representaban en el teatro y que ahora llamamos Superman y
Batman y los leemos en comics o vemos en el cine.