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lunes, 5 de octubre de 2015

¿Por qué?

   ¿Por qué es tanta la gente que me critica vainas, válidas o no, pero que luego se rasga las vestiduras en llantos de ofensa cuando les pago con la misma moneda?

   Tengo un amigo al que le gusta el chaleco y la jodedera constante -eso que ahora el mundo occidental en pleno llama bullying- aunque lo hace sólo verbal y sin pasarse de la raya, es decir, cero agresiones físicas ni humillaciones públicas, en criollo, lo que dije arriba, joder y chalequear. A veces me critica vainas que no puedo negar que son ciertas, otras que yo no valoro igual que él pero qué sí puedo entender que a otros le molesten y finalmente, otras veces son cosas que no veo qué tienen de malo ni puedo entenderlo cuando él u otro me las explica pero vale, lo tolero porque así es la vida... Sin embargo, cuando yo me le arrecho y respondo... ¡Noo joda! Mejor es que no.

   Otro caso es el de una amiga que, para más colmo, cuenta con un firewall a prueba de balas que son todos los demás miembros del grupo, es decir, además de lo que pasa con el caso anterior, ésta tiene a todo el grupo siempre y en todo momento a su favor, de modo que si yo respondo, contra-critico o siento que ha llegado mi justo momento de chalequear y joder, no sólo ella me pone cara seria, me habla golpeado y me pela los ojos vidriosos, a medio camino entre víctima ofendida y sincera arrechera, sino que además me salta encima la tribu entera, me critican por intolerante y quedo yo como un bully de mierda.

   ¿Por qué, vale? ¡¿POOOOOR QUEEEÉ TANTA INJUSTICIA?!

viernes, 26 de junio de 2015

Decisión 2.0

   Estoy por primera vez considerando cerrar mi Facebook. Sería una acción difícil por diversos motivos, donde el hecho de que soy adicto es lo de menos.
De ahora en adelante...

viernes, 5 de junio de 2015

Diario (1)

   Mis padres utilizaban sus agendas como micro diarios. Desde hoy haré lo mismo en este espacio.

   Esta semana cumplí un mes en el nuevo trabajo y ya amenazaron con botarme. Ignacio me acusa de improductivo, poco servicial e irresponsable. Lunes y martes no pude asistir por culpa de problemas domésticos pero no lo llamé para advertírselo. Creyó que tampoco había trabajo miércoles y jueves porque no me vio, pero sí lo hice, quedándome hasta las 8:00 p.m., pero era tarde: ya me había rayado...

   Hoy me siento un verdadero inútil. Siento que no sirvo para nada salvo para dar clases. El año pasado Desiree me acusó de, mutatis mutandis, exactamente lo mismo de lo que me acusó Ignacio hoy. Creo que tienen razón y por eso me siento terrible.

   ¿Puede ser mi casa? ¿No me atrevo inconscientemente de abandonar mi zona de confort incluso al precio de perder las oportunidades que me dan los demás?

   Sin embargo y con total independencia de la eventual validez de sus argumentos, creo que la gente me tiene poca paciencia. Me he convencido de que soy una inversión a largo plazo. Quizá muy a largo, pero lo soy. Si tan solo los demás se dieran cuenta...

miércoles, 27 de mayo de 2015

Lo que revela el silencio, pt. 1

   Exactos quince años atrás, entre febrero y abril de 2000, cumplía ya tres vueltas al Sol el noviazgo más largo que he tenido. Éste había empezado con buen y prometedor pie en enero de 1997, justo cuando cursaba el primer semestre de Biología en la Universidad Central de Venezuela, cumplía la mayoría de edad y comenzaba a preocuparme, cual si fuera gringo, por cómo, cuándo y dónde podría comprarme una vivienda propia...

   Los primeros dos años de aquella relación formaron parte del que considero el período más feliz de mi vida, sin embargo, para el momento en que dio inicio el nuevo milenio, sentía que muchas cosas no me estaban fluyendo como quería, como proyectaba o como deberían. No me sentía a gusto con la carrera, el dinero me duraba cada vez menos, el carro se jodía cada vez más, el país se encaminaba por un terrible derrotero luego de haber cometido el peor error de su segundo siglo de historia republicana y mi noviazgo se sentía pantanosamente estancado. Carente de estímulo, sin novedad, aburrida y repetitiva, la relación seguía casi exactamente igual que como había empezado y, para más colmo, la frustración generaba roces, desencuentros y hasta peleas.