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A tiempo para la
temporada de premios llega a nuestras salas la última película que nos regalara
Martin Scorsese el día de Navidad:
The Wolf of Wall Street (literalmente,
El lobo de Wall Street en nuestro
mercado hispano) la cual trataré de definir mediante el exagerado ejercicio de
resumirla en una oración: es
Goodfellas en (más) cocaína.
En realidad no es
una trama como la de Goodfellas -hampones
neoyorkinos y su modo de vida lujoso- sino más bien… Estafadores neoyorkinos y
su modo de vida lujoso. Suenan idénticas, pero la sutil diferencia en la
naturaleza del delito -y al pecado del que derivan- da para contar una historia
completamente diferente.
Ok, es cierto,
ambas cintas se parecen y no sólo en la temática: la técnica narrativa, eso que
Aristóteles llamó
ἦθος,
πάθος
y
λóγος, también
recuerdan a los del clásico de 1990. Empecemos con algunas de las similitudes: