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| Afiche original de lanzamiento. |
Cuando un
estudio/distribuidor promociona sus películas, suele resaltarles lo que cree
será más atractivo para el mayor número de espectadores. Esto, obviamente, lo
hace porque, por más artístico que sea el medio, el producto realizado es
también una pieza comercial destinado a la venta o, lo que es lo mismo, que el
cine necesita vender, en aras de seguir creando arte y puestos de trabajo. Y
como hacer una película cuesta mucho, necesita entonces venderse también mucho.
Comienzo diciendo
estas perogrulladas, porque a veces pasa que la campaña específica escogida por
el equipo de publicidad y mercadeo no termina siendo la más indicada o, quizá
sea mejor decir, no la más indicada para revelar la verdadera naturaleza -o “el
valor escondido”- de la obra en cuestión.
Tal es el caso de
la última joya histórico-politológica que nos llega de Dinamarca: En kongelig affære (“La reina
infiel” en nuestro mercado hispano), un drama centrado en el affair entre un médico de la corte
danesa y la mismísima reina, allá por los años ‘60s y ‘70s del siglo XVIII,
justo cuando desde Francia emanaba aquella famosísima explosión intelectual que ha dado en conocerse como La Ilustración.
