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sábado, 11 de agosto de 2012

Piedra, papel o tijera (Jabes, 2012): Más de lo mismo pero bien hecho

Afiche de lanzamiento

   Vengo llegando de ver la que bien podría catalogar como la mejor película venezolana que he visto en lo que va de siglo o, cuidado y si no, en la vida.

   Así como lo leen: creo que es la mejor película de todas las que he visto hechas aquí… ¡Pero mosca!, no corran a emocionarse o a tildarme de exagerado, porque tamaña afirmación adolece de un terrible defecto de origen, el de que son muy pocas las películas venezolanas que me he sentado a ver en mi existencia cinéfila. Confesión que hago con mucha tristeza pero con la firme convicción de estar obligado a hacerla, dado que se trata de una realidad que no se origina en mis caprichos y prejuicios, sino en un estructural problema de fondo cuya solución escapa de cualquier control de mi parte, y es que el cine venezolano me repele.

   Y me ha repelido siempre, pese a sus notables y muy honrosas excepciones, por el simple y llano hecho de que es malo. Fría y ruda forma de decirlo, pero no encuentro otra, así que lo repito en dos platos: El cine venezolano es malo… Peeeero, ojo: es malo no porque aquí no podamos hacer las cosas bien ¡Para nada! Es malo por el natural y lógico hecho de que nadie nace aprendido. Nadie agarra una cámara por primera vez y entrega de regreso una obra maestra para todos los tiempos ¡Imposible!

viernes, 4 de mayo de 2012

Caracas ciudad de despedidas. Reflexión.

Por sugerencia de amigos, convierto en escrito continuo para su publicación en este blog los tweets que hice al mediodía de hoy, viernes 4 de mayo de 2012, a manera de reflexión ante la reacción general que produjo en la blogósfera caraqueña el mini-documental Caracas ciudad de despedidas (ver video y leer tweets después del salto).
ADVERTENCIA: pese a que hice algunas pequeñas ediciones, traté de dejar el texto lo más parecido posible  al estilo breve y ligeramente inconexo que el formato Twitter impone.