lunes, 29 de diciembre de 2014

Películas por ver

   "Hola, soy Sebastián y soy un acumulador..."

   Así debería empezar mi presentación en una clínica de rehabilitación para mi adicción a la acumulación de películas. Si no me creen, vean estas fotos:


Menos de 3% de espacio libre en disco :-(

jueves, 9 de octubre de 2014

Reto de los 30 días de película

   Animado por mi amigo Héctor Hurtado, participaré en mi Facebook del reto de los "30 días, 30 películas" y lo iré republicando en este otro espacio al día siguiente de hacerlo en la popular red social.

   El reto consiste en responder las preguntas de la imagen que sigue inmediatamente después de este párrafo. Dura 30 días, a razón de una película diaria, y a cada título le añadiré una explicación sobre por qué me pareció la escogencia adecuada.

Haz click para agrandar y leer.


*Nota: Héctor y yo acordamos modificar el día #15, dejándolo en "favorite fantasy or Sci-Fi movie" en aras de hacer el reto más omnicomprensivo. Ya veré qué escojo dentro de dos semanas.
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viernes, 8 de agosto de 2014

La romántica maravilla del blanco y negro

Afiche de lanzamiento (haz click)
   Los que me conocen bien o me tratan de manera frecuente saben que, por razones que no vale la pena mencionar aquí (pero que con gusto explicaré en otra oportunidad), me niego férrea e ideológicamente a ver películas pirateadas, ya sea quemadas o descargadas. Como era de esperarse considerando el estado actual de la economía venezolana, tamaño capricho me impide haber visto todos esos clásicos que un cinéfilo debe ver antes de cumplir veintiún años de edad, así como el estar al día con lo último del cine mundial.

    Dado lo anterior, fue muy reconfortante el que las exhibidoras locales de cine, a diferencia de lo sucedido en oportunidades anteriores y a pesar de la grave crisis que nos azota, hubiesen logrado estrenar ocho de los nueve films nominados por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas a mejor película de 2013.

   La novena que no llegó a tiempo fue una llamada Nebraska, que quizá no lo hizo porque su estreno no fue un evento noticioso, porque no cuenta con un elenco estelar -o manquesa joven- o porque fue rodada en blanco y negro (probablemente la respuesta sea: todas las anteriores) y si bien debo reconocer el esfuerzo de quienes pudieron importar la casi totalidad del roster finalista, la ausencia de esta pequeña y nada-famosa obra me produjo alguna tristeza, debido a que se trata del más reciente trabajo de uno de los pocos directores cuya obra jamás me ha decepcionado: Alexander Payne.

viernes, 25 de julio de 2014

Una de reinas y cortesanas

Afiche original de lanzamiento (haz click)
   La revolución francesa, pese a que sólo duró diez años, es uno de los períodos más fascinantes y atractivos de la historia universal. De ahí que, 225 años después, aún abunden las novelas, películas, series de televisión y hasta videojuegos que se ambientan durante la misma; en especial alrededor del que parece ser el momento más conocido por el imaginario colectivo de todos los que se sucedieron en  aquellos turbulentos años, la “toma de la Bastilla” (14 de julio de 1789). La singular preferencia por dicha fecha muy probablemente se deba a que, además de su particular simbolismo en el contexto de la monarquía absoluta dieciochesca, los franceses desde muy temprano vieron en ella la máxima expresión de lo que su influencia podía alcanzar y generar en el mundo. De ahí que, consecuentemente, su conmemoración la hayan convertido en su gran fiesta nacional, equivalente al 4th of July de los americanos.

   Dadas las implicaciones de lo anterior, es normal asumir que ya no hay necesidad de escuchar otra vez el cuento sobre aquel trascendental día, y que podríamos esperar, de parte de los nuevos narradores, historias [stories] enfocadas en algunos de los otros eventos entre los muchos ocurridos durante aquellos diez años revolucionarios, muchos de los cuales han recibido inmerecida poca atención: la Marcha de las Panaderas, la Huida a Varennes, las Masacres de Septiembre, el juicio y ejecución del rey, la Fiesta del Ser Supremo y la Diosa Razón, El Terror, la Reacción de Thermidor, la Conspiración de los Iguales o los golpes de estado de Fructidor y de Brumario; eventos todos estos, créanme, sobradamente novelescos.

domingo, 4 de mayo de 2014

May the 4th be with you

   No puedo darles plena garantía de que lo que voy a contarles sucedió cómo y cuándo yo digo que sucedió, debido a la corta edad que tenía para entonces, pero muchas vueltas en la cabeza me han hecho concluir que debe haber ocurrido como se los voy a reconstruir.

   La anécdota debe haber ocurrido en 1982, ya que tiene que haber sido al menos un año antes del tristemente famoso Viernes Negro, pero eso entonces implica que tenía 3 años de edad, lo cual convierte en borrosos y hasta dudosos los poco recuerdos que aún conservo de ese entonces… Pero bueh ¿eso qué importa? la cosa es que es que en un día cualquiera de mi muy-temprana infancia -imagino que algún sábado- fui con mi mamá a un bazar chino que quedaba en el Centro Comercial Cada de La Florida. Mientras preguntaría ella  lo que le interesaba, yo me quedé viendo unos juguetes que pendían de un mostrador giratorio. Eran “figuras de acción”, muñecos antropomórficos con nombres y roles específicos y que pertenecían a una marca muy de moda entonces: Star Wars. Había varios con diferentes formas y todos me parecían súper atractivos, fascinación que se me debe haber notado en la cara, porque mi mamá me decidió regalar uno de inmediato, diciéndome “escoge”. En mi cabeza aún tengo el recuerdo de ver darle vueltas al coroto, que por mi tamaño se extendía hasta el cielo, y quedarme pegado ante la visión de varios. Uno era verde (Greedo), otro marrón y azul (Hammerhead o “Momaw Nadon”, para ser más específicos) y otro que fue el que finalmente escogí: en palabras de mi mamá “El monito, mami, este monito” que no era otro más que el wookiee  Chewbacca.

martes, 15 de abril de 2014

El déspota ilustrado

Afiche original de lanzamiento.
   Cuando un estudio/distribuidor promociona sus películas, suele resaltarles lo que cree será más atractivo para el mayor número de espectadores. Esto, obviamente, lo hace porque, por más artístico que sea el medio, el producto realizado es también una pieza comercial destinado a la venta o, lo que es lo mismo, que el cine necesita vender, en aras de seguir creando arte y puestos de trabajo. Y como hacer una película cuesta mucho, necesita entonces venderse también mucho.

   Comienzo diciendo estas perogrulladas, porque a veces pasa que la campaña específica escogida por el equipo de publicidad y mercadeo no termina siendo la más indicada o, quizá sea mejor decir, no la más indicada para revelar la verdadera naturaleza -o “el valor escondido”- de la obra en cuestión.

   Tal es el caso de la última joya histórico-politológica que nos llega de Dinamarca: En kongelig affære (“La reina infiel” en nuestro mercado hispano), un drama centrado en el affair entre un médico de la corte danesa y la mismísima reina, allá por los años ‘60s y ‘70s del siglo XVIII, justo cuando desde Francia emanaba aquella famosísima explosión intelectual que ha dado en conocerse como La Ilustración.

sábado, 12 de abril de 2014

Breve nota sobre el diálogo

   Miren, como pudieron darse cuenta si leyeron mi más reciente entrada a este mismo blog, últimamente sólo ando interesado en hablar de mí y de mis crisis existenciales… Pero coooñooo de la madre, no puedo evitar angustiarme por lo que leo en los timeline de mis Facebook y Twitter, así que haré una pausa en mi “yoismo” compulsivo para decirles lo siguiente:

   ¿De verdad ustedes pensaban que del diálogo del jueves tenía que salir ya un acuerdo y una solución a nuestro problema HISTÓRICO? ¿Qué edad tienen uds., que miden todo, cual si niños, con una escala de inmediatez como si el mundo se fue a acabar mañana?

   La naturaleza de nuestro conflicto es tan grave precisamente porque ambas partes estamos supremamente convencidas de la validez universal de sus postulados, lo cual no nos deja dudas sobre la necesidad de imponérsela al otro, tal y como el Sol nos impone su monótono circular de este-a-oeste todos los putos días, así no lo queramos o no nos parezca justo.

   Una crisis de tamaña profundidad no se va a solucionar de una sentada, mucho menos frente a las cámaras... Pero una verdadera salida (una de verdad, no esa catarsis focalizada que son las guarimbas del sur-este caraqueño), REQUIERE Y DEMANDA DIÁLOGO, y para ese diálogo, las partes debían comprometerse en público sobre la necesidad de hacer sus diferencias a un lado... Y para eso pasó lo que pasó el jueves y yo lo celebro.

   Eso de mi parte es… ¿Ingenuo? ¿Zoquete? ¿Sesgado?… Perdón, pero más ingenuo, zoquete o sesgado me parece creer que una única reunión iba a curar al país o que no hay que creer en negociaciones porque nadie va a dejar de pensar como ya piensa. El país está dividido en dos mitades que sólo se escuchan a si mismas... Grave, porque es el paso previo para que inicie una guerra civil. De tal modo, como yo no quiero matar a nadie (por más que me provoque), prefiero sentarme a dialogar con mi enemigo histórico para ver cómo evitamos seguir destruyéndonos.

   Ya hay una agenda y un compromiso público de seguirla. Vendrán más reuniones, estas sí privadas, en la que los rencores, insultos y desconfianzas serán expresados de maneras mucho más desagradables, pero sin embargo, algo fluirá, y como ha demostrado la Historia, podremos sentar las bases para unas nuevas reglas de juego, que será hoja de ruta para salir de la crisis actual. Exijamos ahora que se cumpla ese compromiso. Gracias y hasta la siguiente reunión.

EDITADO: hagan click aquí para ver todos los videos del debate.


   Y ahora, si me lo permiten, volveré a hablar de mí o de las películas que he visto recientemente (temas de mis próximas entradas… Stay tune!!).


jueves, 10 de abril de 2014

Yo me arrojo

   Nunca está de más explicar por qué uno hace, dice o piensa lo que se ha hecho, dicho o pensado en alguna oportunidad; sobre todo si se cree que con el propio ejemplo se puede ayudar a los demás a entenderse a sí mismos.

   Resulta que en algún punto del año 2012, se me ocurrió autodefinirme en la biografía de mi cuenta Twitter como “Arrogante por naturaleza, ególatra por convicción”, pero sin tan siquiera detenerme a pensar en las definiciones exactas de cada término y las especificaciones que distinguen a uno de otro.

   Y es que por aquellos días acababa de finalizar mi curso de historia grecolatina en la Escuela de Comunicación Social, materia en donde una de las cosas que enseño es la evolución de un elemento cultural que, pese a sus cambios, sigue siendo el mismo: el culto a los héroes, esos que antes llamaban Aquiles y Odiseo y los cantaban en poemas o representaban en el teatro y que ahora llamamos Superman y Batman y los leemos en comics o vemos en el cine.

domingo, 2 de marzo de 2014

Desde el cielo y con Gravedad llega la mejor película en años

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   Uno de mis conflictos existenciales con la forma de arte que más adoro, el cine, es el hecho de que una gran cantidad de películas -quizá incluso la inmensa mayoría- son adaptaciones de obras literarias. Esa característica me molesta debido a que la narración escrita tiene una estructura significativamente distinta a los de la narración audiovisual y depende de herramientas de otra naturaleza.

   Un libro puede matear en una sola oración lo que al lenguaje audiovisual le cuesta un mundo transmitir y hacer entender. Pongamos por ejemplo cada uno de los libros de Harry Potter, en los que los protagonistas se enfrascan en una aventura a todo lo largo del año escolar. Son siete libros, son siete años, que comienzan cuando Harry acaba de cumplir 11 y terminan cuando está a punto de cumplir los 18. Dado que sus peripecias transcurren al mismo tiempo que son alumnos de una escuela para magos, la narración necesita transmitirnos la sensación de que el dichoso año escolar está corriendo y se les vienen los exámenes encima, con total independencia de las fuerzas oscuras que los niños creen los acecha entre un salón de clase y otro. Para ello, muchas veces a J.K. Rowling le bastaba con decir algo así como “Después de aquel Halloween, no supieron más del asunto, por lo que lo dieron por superado y siguieron con sus clases hasta las vacaciones de Navidad”… ¡Presto! De un solo plumazo adelantó la historia un mes y medio y nos dio a entender que la vida había seguido business as usual.

sábado, 1 de marzo de 2014

12 años en el infierno

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   Una de las películas que más me ha gustado en lo que va de esta segunda década del siglo, ha sido la maravillosa Shame, cuya debida reseña me queda pendiente para otra oportunidad. Por ahora resumiré en que, para mí, su perfección residió en la combinación de dos características pocas veces halladas juntas: el recordar que cine significa “escribir con imágenes en movimiento” -ergo, contar una historia a través de las imágenes- y el confiar en la inteligencia de la audiencia, dejándola interpretar lo que quiera; si no entendió, allá ella. Tamaño atrevimiento, concluí, sólo podría realizarlo un director que fuere inteligente, culto, pero sobre todo, con un buen par de cojones. Investigué al llegar del cine y descubrí, para mi sorpresa, que se trataba de un cuarentón británico con la experiencia de muchos cortometrajes pero una sola larga-duración. “De este tipo he de estar pendiente”, me prometí al instante.

   No tuve que esperar mucho, ya que al poco tiempo se anunció que dicho director, llamado Steve McQueen, estaba entregado a la preproducción de un biopic, una película biográfica real sobre un afroamericano que, habiendo nacido libre en New York, fue secuestrado y vendido como esclavo en los mercado del sur de los EEUU, teniendo que pasar doce años de su vida en varias plantaciones del estado de Louisiana justo antes de la Guerra Civil… “Zaz ¡Noo ¿Por qué?!”, me dije. Y es que a mí no me entusiasman los biopic (mis razones las puse por escrito aquí). Además, aquello me sonaba como una temática ya muy trillada y como un drama muy necesitado de diálogo. Chimbo, porque lo que justamente me había gustado tanto de Shame había sido su temática inusual y su tratamiento innovador, siendo lo primero la clave de lo segundo. O eso pensaba yo.

lunes, 24 de febrero de 2014

Philomena

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      Las películas que quieren hacer crítica a la religión, suelen ser maniqueístas al punto, es mi parecer, de que todo mensaje se pierde. No es el caso de la última película de Stephen Frears, Philomena. No al menos para quien sabe mirar y escuchar con atención.

   Antes de entrar en debates fílmicos, agarraré el toro por los cuernos para dejar claras mis convicciones: sí, en nombre de la religión cristiana se han cometido excesiva cantidad de abusos pero, pese a ello, sigue siendo, si sumamos todas sus distintas denominaciones y variantes, la primera religión del planeta o, lo que es lo mismo, sigue siendo la más extendida cosmovisión sobre cómo y por qué está organizado el mundo y cuál debe ser nuestra manera de relacionarnos entre nosotros y con ese vasto universo que, según, alguien creó.

   Philomena no es una película que se meta en tamañas profundidades. No esperen grandes debates antropológico-filosóficos acerca de si la religión sigue cumpliendo algún rol en nuestra sociedad o de si ya va siendo hora que nos libremos de la fe, cualquiera que esta sea, y nos metamos de lleno en lo que Auguste Comte llamó “la fase positiva”, última en la evolución del pensamiento humano… ¡No! La película de Frears es la adaptación de un libro de periodismo investigativo publicado en 2009 por el británico Martin Sixsmith y trata sobre la búsqueda hecha por una irlandesa, llamada Philomena Lee, de su hijo “perdido”.

martes, 18 de febrero de 2014

Despedida parcial

   Si hay alguien que desde chiquito -literalmente- se ha metido en problemas por decir lo que piensa, soy yo. Ha sido así para bien o para mal y muchas veces complicando incluso a otras personas. A veces eran meras tonterías y otras, serias trifulcas. Tal experiencia me permitió desarrollar una amplia capacidad de negociación y una labia del carajo para salirme de los problemas que yo mismo [me] causaba y, sin embargo, toda resistencia tiene un límite y al mejor cazador se le escapa la liebre, es por eso que he decidido desentenderme de lo que está pasando y dejar de comentar al respecto por algún tiempo.

sábado, 15 de febrero de 2014

Breves reflexiones luego de tres días controversiales

   Expondré muy brevemente -para garantizar que se me lea completo- algunas observaciones parciales sobre los recientes sucesos políticos en el país.

   La noche del miércoles llegué a decirme “Zaz: ¡ahora sí como que se armó! …febrero siempre tan cálido.” Pero al mediodía del jueves me convencí de que esto no pasaría de ser más que una aislada explosión de desespero por parte de quienes no tenían edad para haber participado en las explosiones de desespero del período 2002-2004. Es, como quien dice, su turno de hacerse oír.

domingo, 26 de enero de 2014

En la boca del lobo

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   A tiempo para la temporada de premios llega a nuestras salas la última película que nos regalara Martin Scorsese el día de Navidad: The Wolf of Wall Street (literalmente, El lobo de Wall Street en nuestro mercado hispano) la cual trataré de definir mediante el exagerado ejercicio de resumirla en una oración: es Goodfellas en (más) cocaína.

   En realidad no es una trama como la de Goodfellas -hampones neoyorkinos y su modo de vida lujoso- sino más bien… Estafadores neoyorkinos y su modo de vida lujoso. Suenan idénticas, pero la sutil diferencia en la naturaleza del delito -y al pecado del que derivan- da para contar una historia completamente diferente.

   Ok, es cierto, ambas cintas se parecen y no sólo en la temática: la técnica narrativa, eso que Aristóteles llamó ἦθος, πάθος y λóγος, también recuerdan a los del clásico de 1990. Empecemos con algunas de las similitudes:

martes, 7 de enero de 2014

Carta breve para los chavistas

   Me dijo una vez mi papá que a él cuando estudiaba periodismo en la Universidad Central le enseñaron que “lo bueno, si breve, dos veces bueno; si malo, menos malo”. Es por eso que seré breve y conciso, para ver si mi mensaje se capta.

   Compatriotas chavistas: detesto lo que el gobierno que ustedes eligieron le ha hecho al país y le ha hecho a mi vida (leer esta otra entrada), pero aunque por ahora me niego fieramente a esa alternativa, yo al final me podré ir a vivir a otro lado y estaré, pese a lo nostálgico, tranquilo con mi conciencia, porque estaré siendo completamente consecuente: me habré ido a vivir a un sitio cuyos valores y organización son los que quisiese hoy disfrutar en mi país. Ustedes no, ustedes tienen dos opciones incoherentes: quedarse en esta mierda que han creado y que les gusta en grado orgásmico o ser inconsistentes e irse a vivir afuera, como yo, pero traicionando lo que dicen creer y apoyar… Jódanse.


   Por ahora yo me jodo junto con ustedes, pero mi resistencia tiene un límite. Si se quiebra, me iré a vivir mejor mientras ustedes sólo vivirán peor y sin poder hacer nada para cambiarlo, so pena de tener que darme la razón. Fin.

No sé si una imagen hable más que mil palabras, pero en este autorretrato resumo perfectamente lo que les quise decir arriba.

Mi motivo para detestar al chavismo

   Nunca he sido chavista ni lo seré jamás. No lo fui cuando intentaron el golpe de estado en 1992, ni cuando se lanzaron a la presidencia en 1998, no lo fui cuando promovieron una nueva constitución, ni cuando se les murió el líder galáctico ¿Por qué? Por ene cantidad de motivos, pero me basta con uno solo para considerar a Hugo Chávez y a su gente como el peor presidente que ha tenido Venezuela desde, al menos, 1936 (aunque fácil podría decir que en toda su historia republicana). El motivo es el siguiente: destruyeron el poco Estado que llegamos a tener alguna vez.
"Leviathan", por Thomas Hobbes, 1651.
Primera gran teorización del Estado.